P: ¿Y qué espacio va quedando para “la gente de fe”?
R: Un espacio fuera de la ciencia, pero a la vez amplio y muy respetable. Por la naturaleza de su quehacer, no dejaría en manos de los científicos la respuesta a nuestras grandes interrogantes existenciales.
Se ha señalado, y con mucho fundamento, que para quien tiene fe no son necesarias las evidencias, y para quien no la tiene, no hay evidencia que lo convenza.
P: ¿El secreto está entonces en creer y sentir que valemos mucho, y en querernos con mucho entusiasmo?
R: Sí, pero sobre bases sólidas. No se trata de creer que somos Einstein, o de amar nuestros impulsos destructivos. Se trata de ir siendo cada vez mejores, y de ser capaces de ir generando y asumiendo esa evolución.
P: Suena poco modesto, tal vez “egocéntrico” y casi “narcisista”.
P: Y el rol de la esperanza en los seres humanos, ¿adquiere una dimensión especial?
R: Muy especial. Esperando “algo malo” que nunca llega, una persona puede ir destruyendo su propia vida. Seligman ha demostrado que cuando la persona adquiere “desesperanza aprendida”, se desmotiva, se deprime y tiende a no hacer nada. A “contrario sensu”, la esperanza en una vida mejor – en este mundo y/o después de la propia muerte - respalda las motivaciones y los esfuerzos de la mayoría de los seres humanos.
Soy un psicólogo clínico, que trabaja en psicoterapia desde hace más de 35 años. En todos estos años, he podido recoger las múltiples inquietudes de mis pacientes, en relación a la temática de la vida y de la muerte. En las líneas siguientes, construiré una especie de “auto-entrevista”, centrada en esta trascendental temática. Y si bien muchas de las preguntas reproducen las interrogantes formuladas por mis pacientes a través de los años, las respuestas que les daré aquí serán más directas que las que se pueden entregar en el contexto de una psicoterapia.
La muerte es quizá el mayor misterio y el dolor más grande y desgarrador que experimentamos en el paso por esta vida.
El desencanto aparenta ser el final de una búsqueda, el resultado de ‘la piel curtida’, de ‘las cicatrices de la vida’. Por eso parece tan cool mostrarse desencantado: es un paso más allá de la angustia, cuando ya se acabaron las lágrimas, que te sitúa más allá del bien y del mal. Es un dolor que se lleva por dentro y que se traduce en la mirada agria (por eso no es tan difícil la imitación del desencanto).
Como si no fuera suficiente con el temor que la muerte genera en las personas, la era 2.0 plantea un nuevo dilema. Miles de personas mueren cada año dejando abiertas al público sus cuentas de Twitter, Facebook, Blogger o Flickr mientras sus cuentas de mail, con información valiosa, permanecen cerradas e inaccesibles para quienes no tienen la clave. Los testamentos aún no contemplan qué hacer con toda la información digital, y para los familiares y amigos del fallecido puede resultar doloroso ver el perfil de esa persona en la web.
Representantes de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) se han reunido este miércoles con el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, para reclamar que la futura ley de Muerte Digna sirva para dar seguridad jurídica a los profesionales que trabajan en este campo.
Dicho encuentro se enmarca dentro de la ronda de conversaciones que el Ministerio de Sanidad inició a finales del año pasado con sociedades científicas y profesionales, y colectivos de pacientes antes de presentar la futura norma.